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Contexto Histórico 

El autor nos ofrece, a continuación, su análisis de las circunstancias históricas que vivía España, al momento en que se desarrolla la novela Te Espero en Orihuela, Vida mía

Los españoles adultos estábamos aterrados de lo que habíamos sido capaces de hacer durante la guerra civil y la posguerra. Estábamos saturados de sangre y violencia y ahora, terminada la contienda, queríamos paz y tranquilidad. La paz no la podíamos tener pues ella viene de la justicia y ésta estaba ausente en un sistema fascista, autoritario, que era intolerante y duro con los vencidos. Pero al menos teníamos orden pues éste viene de la fuerza y Franco ejerció un gobierno fuerte, un gobierno de vencedores que impuso a rajatabla sus condiciones. La censura era férrea y nadie osaba desobedecer a un gobierno de pensamiento único que no aceptaba lo diferente. La Iglesia Católica se inclinó abierta y activamente hacia el fascismo. El clero conservador ejercía un poder absoluto sobre la gente. Era una nueva inquisición aunque ahora fuese sin hogueras. No asistir a Misa podía ser considerado como izquierdismo ("Quien no está conmigo está contra mí") Y ya se sabe que había cuatro maneras seguras de marginar a alguien socialmente: Acusarlo, aunque fuese injustificadamente, de comunista, homosexual, protestante o sifilítico. 

 Sin embargo y a fuer de verdad, no puede decirse que la vida fuese desagradable. Quien se ajustaba a las reglas fascistas sin querer complicaciones, vivía con mucha tranquilidad y sosiego. Se podía pasear sin temor alguno por cualquier calle a altas horas de la madrugada. No se conocía la droga y no existía la delincuencia. Nadie tenía miedo a que lo asaltara un ladronzuelo. Unos cuantos vasos de mal vino era el único exceso que era tolerado por la autoridad. Eso y la prostitución que se consentía en burdeles pero se perseguía con saña en la calle. 

 No había trabajo para nadie. Sólo había unos cuantos artesanos, sastres, zapateros remendones, carpinteros, mecánicos, electricistas, etc., unos pocos comercios de ropa en la calle Mayor, dos o tres pequeñas sucursales bancarias, una caja de ahorros y las oficinas oficiales del régimen, el Ayuntamiento y la Falange. Eso es todo el empleo que había. La juventud deambulaba de bar en bar sin trabajo y sin dinero. Las necesidades fueron muy agudas hasta 1955. Después se fueron atenuando paulatinamente con la llegada del turismo y alguna apertura de España al exterior. Pero los pobres llevaban su pobreza con mucha resignación, sin rebeldía de ninguna naturaleza ya que nadie tenía esperanza de salir de su pobreza. Todo era muy tranquilo, un remanso. Las mujeres cantaban mientras hacían sus labores domésticas y desde los balcones y ventanas salían alegres sus voces cantando las canciones de Antonio Machín, Juanita Reina y otros cantores populares de la época. 

  Franco era monárquico y los españoles creyeron que su dictadura sería solamente por unos pocos años hasta poner orden y restaurar la monarquía. Tan monárquico era que se acuñaron monedas con el lema: "Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España por la Gracia de Dios" que era el sello de los reyes. Al ponerse a sí mismo como Caudillo por la Gracia de Dios estaba indicando que se sentía como un hombre que la Divina Providencia había enviado para salvar a España del comunismo ateo y apátrida. 

 En este entorno de gran calma y de extrema pobreza aceptada mansamente por la gente, con un cerrado aislamiento español con respecto al mundo, nació la tertulia nocturna del Café Colón en la que siete amigos entrañables a quienes no les gustaba la dictadura, se reunían para debatir temas prohibidos por la censura. 

  En la novela TE ESPERO EN ORIHUELA, VIDA MIA, los lectores avisados y perspicaces observarán que las críticas a Franco no son feroces, son pequeñas ironías sin agresividad. Al grupo de los siete amigos contertulios Franco les hacía gracia pues no era un dictador apuesto e imponente como el Duce. Franco, con su pequeña pancita burguesa y su vocecilla aflautada, parecía un apacible padre de familia de clase media. Pero era más duro que una roca, bien a lo gallego.  Y gobernó con mano de hierro durante casi cuarenta años a los españoles que, según se comenta por el mundo, somos un pueblo ingobernable. 

 Finalmente cabe aclarar que el problema de los españoles durante el franquismo nunca fue político pues los españoles estaban despolitizados absolutamente. El problema fue el hambre, la extrema miseria durante 25 largos años.

HILARIÓN LILLO ROCHE